La historia de Psk

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cap6 - Primeras respuestas

Mi camino al lado de Jorge apenas duro unos meses. Nos dirigíamos desde el Este, a las tierras húmedas y heladas del Norte. Cualquier camino me hubiese parecido el indicado, el correcto para iniciar la búsqueda; y sin embargo, elegimos el mejor.

Antes de seguir con la historia me conviene hacer un retrato de Jorge. Jorge era un joven de unos 17 años, mal aparentados. A veces se comportaba como un chiquillo, corría tantísimo como yo, y reía más aún; pero otras veces, cuando narraba sus historias y te clavaba la mirada, veías a un hombre curtido y experimentado. Un hombre sabio. Un hombre que está posesión de la Verdad y de la mejor forma de narrarla.

Jorge tenía –entre otros- el don de la palabra. Con ello no me refiero a los ¿7? idiomas que sabía, y a los tres que chapurreaba, sino que era capaz de elegir las palabras oportunas para cada momento, para cada sentimiento de cada persona. Aunque mintiese mejor que yo, no solía hacerlo. Él siempre valoró mucho el poder de la Verdad. Encima de los escenarios aprovechaba su talento natural para encubrir y adorar la Verdad. El pueblo necesitaba diversión, no que se les recordase continuamente su precaria y penosa situación. Precisamente ese era nuestro trabajo: alegrar momentáneamente las sencillas vidas de la gente de a pie. Y para eso… no se puede contar toda la Verdad. Pero fue él quien me enseñó a apreciarla a utilizarla siempre que pudiese.
Jorge no pedía nada a cambio de actuar. Nunca. Aceptaba todo lo que le daban y se quedaba con lo necesario para ir viviendo holgadamente. El resto solíamos dejárselo a los mendigos que hubiese a los alrededores del pueblo, aldea o cuidad. No tocaba por ese tipo necesidad, tocaba por vocación. Siempre me hablaba de cómo era su aldea natal, y sabía que nunca le faltó de nada. Y aun así tenía necesidad de tocar.

Si bien es verdad que su gran talento eran las palabras, su gran pasión era la música. Hacer música, crear música y trasmitirla por cada rincón, por cada valle. Sobre todo, a Jorge le encantaban las soñadoras sonrisas de los ancianos para los que tocaba. De los niños, casi siempre sin futuro, de los pueblos más pequeños. De todo el pueblo, a decir verdad. Solía murmurar, de vez en cuando, después de un intenso día de actuaciones algo así como: ‘algún día lograremos hacer que sus sueños se materialicen en realidad’. Y entonces le brillaban los ojos, y se le oscurecían. Y se llenaba momentáneamente de rabia, una rabia que apenas era perceptible, una rabia tan dura y corta que a veces daba miedo. Pero al instante volvía a ser Jorge de siempre, el juglar animoso y encantador.

¿A dónde nos dirigíamos? A su aldea natal. Él dijo que sería un buen lugar para que empezase a recopilar historias. Y sin embargo él me adelantaba parte del proceso. Durante todo el camino me contaba las historias de los antiguos pueblos de los que descendemos, y de las civilizaciones anteriores. El cómo pensaban y el qué hicieron. Yo quedaba asombrada por cada una de ellas. Me encantaba la magia, la alquimia y todas esas fuerzas extraordinarias que permitían a los héroes ser así llamados. Además, así aprendí muchas de las costumbres que aún en día se utilizaban y de las que yo no tenía ni idea.

Nos estábamos peleando con en el crudo invierno, y aún avanzando hacia el Norte todo iba sobre ruedas. Yo no llevaba cuenta del tiempo, para mí eso era irrelevante. Tan sólo un par de días dormimos a la intemperie, y quizá cuatro noches nos quedamos sin tener algo que llevar a la boca. Pero un buen día, de esos que no pudimos encontrar un refugio, ocurrió algo singular. Algo que… en fin, juzgad por vosotros mismos, pues yo no encuentro, de nuevo, las palabras adecuadas.



- Tenemos que hablar.

Lo dijo con cara de profunda preocupación; no de esa fingida que de vez en cuando usaba en las actuaciones, era más tangible, más real. Yo asentí, empezando a compartir su preocupación. Clavé mi mirada en la suya. Como respuesta Jorge apoyó sus manos contra mis hombros.

- No te pongas nerviosa, ¿vale? Prométemelo.
- Claro. -Asentí de nuevo- ¿De qué se trata? Me estás asustando.
- ¿Recuerdas lo que hiciste ayer por la noche? Me refiero a después de cenar.
- Dormir. -Dije tras reflexionar, sin ningún sarcasmo de por medio.
- Ya... ¿te acuerdas de lo que soñaste?

El campo de margaritas.

- Sí. -Parecía contrariado, así que proseguí- Soñé con un campo gigante de margaritas donde... -Me cortó.
- ¿Alguna otra vez habías soñado con ello?
- La verdad es que sí -Contesté, un tanto extrañada.
- Bueno pues... quizá todavía no lo sepas, y ¡quizá me equivoque!, pero desde ayer por la noche barajo la posibilidad de que seas un licántropo. -Un silencio murió, mientras Jorge alzó las cejas y quiso intentar sonreír para rebajar la tensión. Quizá demasiado, porque no pude evitar soltar una sonora carcajada.
- Vale, vale, -Conseguí decir mientras reía- esa ha sido buena. Un dramatismo perfecto, las palabras adecuadas... pero demasiado descabellado. Aunque durante un segundo he llegado a creerte. -Y seguí riendo.
- No, no, no. -Sacudía la cabeza. Seguía serio. Por alguna macabra razón seguía serio- No estoy de broma.

Le miré, levanté una ceja y di unos pasos hacia atrás. Era verdad que no iba en broma. ¿Pero entonces?

- En-entonces qu-qué... -Tartamudeé.
- Escucha: todos tenemos secretos, ¿de acuerdo? Yo tengo uno bastante grande. Y creo que es el momento adecuado de desvelártelo. Mejor dicho, creo que eres una persona adecuada para guardármelo. Yo sí soy un licántropo. No, no te pongas nerviosa. Te lo voy a contar desde el principio.
<>

- Guau. -Le miraba con la boca abierta- ¿Todo eso es verdad? ¿De verdad eres un hombre lobo?
- Sí, lo soy. Pero la cuestión importante ahora es descubrir si lo eres tú o no. El problema es que uno no es consciente de sus transformaciones si no se entrena. No, como ves no es algo que puedas responder. Pero el dolor es real, así que de algún modo tienes que sentirlo.
- En el sueño, al final del sueño... siempre duele.
- ¿Dirías que lo tienes cada mes?
- No estoy segura. -Y empecé a cavilar.
- Pues tenemos que estarlo, de lo contrario podría acabar en tragedia. -Cogió su cuchillo- Dame la mano.

Se la tendí, y él dibujo un pequeño pero profundo corte en el dorso de la muñeca.

- No voy a curarlo. Si en diez minutos no tienes nada ahí tu poder de regeneración será el equivalente al de un hombrelobo.

Seré sincera: no le creía ni una palabra. El sentido de la sensatez que había adquirido en mi época de pilla me lo impedía. Era simplemente imposible que hablara en serio... ¿o no?
Sin yo quererlo empecé a preguntarle. Cómo era. Desde cuándo. Si le gustaba. Si no tenía miedo. Las mil primeras preguntas que se me ocurrieron.
Pacientemente él me contestaba una por una. Al parecer la transformación era realmente dolorosa, y la mente intentaba paliar el sufrimiento sumiendo al individuo humano en un sueño profundo, parecido a un coma, del que despertaba al acabar. El hombre lobo se regeneraba a una velocidad hasta cincuenta veces superior a la de un humano. El hombre lobo odiaba el agua. El hombre lobo tenía una potencia muscular natural enorme, y podía aguantar ocho veces más trabajo en los músculos. El hombre lobo estaba hecho para saltar, correr y matar.

- ¿Matar? -Pregunté, conmocionada.
- Sí, matar. Matar para comer. Cazar para alimentarnos.
- ¿Matar? -Repetí una vez más.
- Sí...

Ante todo, lo que me dijo era que el hombre lobo es un asesino, un depredador nato, una bestia.

- Ya es la hora. -Una ráfaga de viento helado despeinó su brillante pelo, y sus ojos lucieron expectantes- Déjame ver la herida.

Giré la mano lentamente. No había nada, ni una simple cicatriz.

- Ahora ya lo sabes. -Sonrió, sonrió de verdad. Nunca antes le había visto sonreír así- Bienvenida al clan, hermana.

Sin poder unir dos palabras con sentido, le miré. Estaba asustada y él lo noto.

- No tengas miedo, te ayudaremos. Te convertirás en uno de los nuestros. Confía en mí. -Me rodeó con el brazo, y cariñosamente me besó la frente. Luego me miró con sus inmensos ojos negros y dijo- Es hora de ponerte un nombre bonito. ¿Qué te parece...?
- Shira. -Completé yo, de repente, casi en contra de mi voluntad.
- Shira. -Sonrió él.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cap5.1 - La morada del Antiguo Libro [Jorge]

''Cuentan las leyendas que hace miles de años existió un gran templo que estaba situado en lo más alto de una colina. Allí habitaban monjes y artistas, cortesanos y gente humilde; y un gran sacerdote de largos cabellos blancos. Se decía que era el ser más sabio y justo de esas antiguas tierras.

Grandes reyes y caballeros acudían a aquella gran morada para buscar consejo o ayuda en toda clase de problemas. Algunos querían poseer más tierras y riquezas; otros, el corazón de alguna dama perdida. Y como en toda buena leyenda -acuérdate siempre de que las mejores leyendas son las que más se asemejan a la realidad-, los más ambiciosos perseguían sin descanso la inmortalidad, pues vivir eternamente es, sin lugar a dudas, el más antiguo de los sueños humanos.

Ante esta última petición, el gran sacerdote siempre respondía que él no conocía tal secreto, y por lo tanto, no podía revelarlo. Abatidos y decepcionados, todos y cada uno de los que a él acudían, se marchaban de aquel pacífico lugar para seguir buscando. Todos, menos uno.

Un día, un muchacho -típico héroe de cuento- apareció ante el anciano con la misma empresa. Al principio, el sacerdote pensó que era igual de egoísta y obseso que los demás. Pero tras observar detalladamente los ojos de su interlocutor, pudo entrar en su interior y supo que no era como los demás. Podía ser joven, pero no era insensato ni egoísta. El joven buscaba algo importante, y parecía necesitar saber ese secreto no para usarlo en propio beneficio. Sus propósitos eran muy diferentes y superiores.

Aun así, el anciano quiso ponerlo a prueba y le contestó como a tantos otros que él tamaño secreto no conocía. Y para sorpresa -y agrado- del anciano, el muchacho muchacho no abandonó el templo decepcionado y cabizbajo, sino que con expresión seria y templada, le contestó: ''antepasados míos vinieron a vos y los rechazasteis igual que habéis hecho conmigo hoy. Sé que sois vos, Maestro, Sabio entre sabios, y no otro cualquiera quien conoce lo que estoy buscando. ¿Cómo es posible tanta edad y sabiduría sin ser vos el guardián del Libro?''

Impresionado y sorprendido, el anciano respondió sin dar crédito a lo que acababa de oír: ''¿conocéis el Libro?'' Cuando el muchacho explicó que sabía de su existencia a través de sus sueños, el anciano dejó de dudar y condujo al joven a las profundidades del tiempo, en las mismas entrañas de la tierra; y allí le mostró, sobre lo alto de una roca, el Antiguo Libro envuelto en una manta roja.

Conmovido y emocionado, y a la vez temeroso de averiguar, por fin, lo que estaba buscando, el joven se acercó al Antiguo Libro -Gran Libro, o Libro de los Secretos-, y lo desenvolvió con cuidado. Cuando lo sostuvo ante sí no podía creérselo, y lo contempló duramente.

Entonces el sacerdote habló y le confesó:

- Es un libro milenario donde están escritos los orígenes y secretos de todas las cosas. Dicen que si lo lees o tan sólo lo contemplas más tiempo del que puedes soportar, te absorberá el alma -hizo una pequeña pausa dramática, sabía perfectamente lo que iba a decir a continuación-. También habla de una criatura, ancestral y largamente esperada... será descendiente del Guardián del Libro y deberá llevar a cabo el destino que, escrito desde hace milenios, el Libro le encomienda... Tú eres el Guardián -sentenció-. De otra forma jamás habrías sabido nada sobre el Libro. Debes guardarlo y procurar que nadie más sepa de él. Al menos hasta que descendiente llegue.

El joven asintió y abrió el libro lentamente...
para cerrarlo nada más leyó las primeras palabras.

- Es demasiado peligroso para que nadie lo encuentre. Lo esconderé de tal forma que sólo el legítimo dueño sea capaz de encontrarlo. Pondré pruebas y retos. La criatura elegida logrará superarlos.
- Utiliza tus sueños, ellos te guiarán para llegar a los más profundo del bosque blanco, allí donde esconderás el libro milenario. Yo te acompañaré en este peligroso viaje, pues mi única tarea es la de guardar el mayor de los secretos, oculto entre estas páginas- anunció mientras pasaba sus ancianos dedos por las frágiles hojas amarillentas, y miraba con ternura a aquel longevo amigo, a quien llevaba toda su vida protegiendo''

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Introducción a mi mundo



No he encontrado mejor manera de definirlo. Esta historia cuenta todo lo que siempre ha rondado por mi mente. Es mitad autobiografía ficticia, mitad experimento literario. Es la única obra de la que alguna vez he estado satisfecha. Pero... en realidad simplemente es el principio de todo, tan sólo la punta del iceberg.


Siempre es tan complicado hallar las palabras correctas, averiguar cuál el punto de vista más adecuado, y saber lo que se debe contar y lo que debemos dejar al lector que imagine... Quizá por eso siempre he tardado tanto y tanto en escribirla, porque nunca estoy segura de si es lo mejor que puedo escribir o no. Desde luego nunca lo es, pero yo trato de pulirlo hasta que estoy satisfecha por el trabajo. O medianamente satisfecha.


No es una obra de arte, por supuesto. Empezó como una buena idea para probar estilos narrativos y nuevas ocurrencias. Y se hubiera quedado en eso de no ser porque necesitaba sacar de mi cabeza esta pequeña gran historia que me ronda por aquí desde hace años. Una de tantas, ¿no? Una de las miles que se me han ocurrido. ¿Por qué esta y no otra? Por que esta es especial, y porque con esta historia, con mucho ingenio y paciencia, podré abriros el universo de mi mente. Podré tocar cada uno de mis pensamientos, muy por encima, pero lo suficiente para que podáis enteraros medianamente.


Como he dicho, sólo es la punta del iceberg. Sólo el principio de mis pensamientos. Vosotros decidiréis, en última instancia, si merece la pena mostrarlos más a fondo.


No mucho más. Decir simplemente, que nada me gustaría más que os gustara y que pasaseis un ratejo agradable leyéndome, y conociendo las aventuras más curiosas de mi mejor invención: mi pequeña Pskndca.

Libros que me han ayudado ^^

  • El Nombre del Viento
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